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El sabor de la comida cambia según lo que escuchas y, si no, preguntadle a SoulintheKitchen

¿Fue antes la canción o el nombre? En una balanza, el carro de la compra enfrentado al voto. La generación de la constante rapidez y veinticuatro cápsulas en forma de adviento

Cuando acabó todo“, la última colaboración de Rosin de Palo con Fresquito y Mango suena a jota aragonesa renovada, a costumbrismo enamorado y a descontextualización icónica tradicional. La canción la pone Claudia Polo, de Soul in the Kitchen, y la receta, esta vez y en una especie de analogía entre “los chicos que más quiere” y Paladar Magazine, es un bocadillo con salsa sriracha (sabor picante a base de chile y más) que funciona como un juguete desmontable y armable, con tantas capas y versiones como sea necesario y que siempre, siempre, combina bien entre dos panes.

El menú semanal de soulinthekitchen (y quien dice semanal, también dice mensual, anual y extensible a todo tiempo) siempre lleva consigo, como algo dependiente y necesario, un botón de reproducción. De lo que sea. Unas galletas de chocolate pueden sonar a “Mucho Nivel”, de Novedades Carminha; un buen desayuno de huevos revueltos (cocinados a fuego lento) acompañados con una tostada de aguacate (ricos y de producción sostenible) pueden sonar a “Un Canto por México” de Natalia Lafourcade;  y unos espaguetis, servidos en un plato con rebosante salsa boloñesa suenan, por qué no, a Soul Kitchen de The Doors. La canción que, aunque no inspiró a Claudia para nombrar su proyecto, sí le ha servido, a posteriori, justo para ese momento-ritual de sentarse a comer, en un encuentro en el que el comensal se enfrenta a un plato suculento, jugoso y totalmente apetecible.



Soulinthekitchen empezó como un diario personal en el proceso del Grado de Gastronomía, un lugar que permaneció inhabitado durante “más o menos un año” con un 0-0 en seguidores y siguiendo, que luego se amplió a otros formatos como YouTube en los que los ruidos de la cocina provocaban emplatados a ritmo y, ahora, ha evolucionado (en sintonía con ella misma) a un sitio donde, como apunta Claudia, “se pueda conectar (y reconectar) con la comida y entender la realidad alrededor de ella”. “En España –continúa explicando– prestamos mucha atención al momento de la comida y tiene un valor cultural súper importante. Igual el objetivo de soulinthekitchen es dar un poco lo que yo sé y que a mí me ha hecho ver la comida de forma consciente. Vamos de supermodernos, sostenible y ‘eco’ y en lo más básico, que es comer día a día, no tomamos acción. Al final yo siempre digo que el carro de la compra vale más que tu voto”.

La música y la cocina, como una reducción simple, universal y como algo con lo que “siempre tocar corazoncitos” funcionan, para Claudia, como una burbuja de energía en la que no hay posibilidad de un “yo sin ti” ni un “tú sin yo”. Realmente, son un oasis en el que detenerse dentro un sistema de rapidez fabricado por nosotros mismos y, muchas veces, por necesidades absurdas, que se suplen con opciones fáciles y cómodas. “Somos la generación de lo rápido, de lo inmediato, de lo ready to y creo que, al final, es un poco de intención. Un gran problema al que nos enfrentamos es haber perdido un patrimonio gastronómico cultural que llevaba cientos de años. Es entender lo que hay alrededor y reaprender lo que habíamos olvidado porque, al final, se pierde y se acaba prostituyendo. Es espabilar un poco, enorgullecernos de lo que hay”.

El repertorio musical, recetario invernal y guía de manualidades navideña es el regalo adelantado que ha llegado a soulinthekitchen en forma de calendario de adviento. Una cápsula diaria de un total de veinticuatro que, junto con su hermana Martina Polo, ha llenado, por ahora, de chocolate caliente, galletas de jengibre o tradiciones familiares que saben a amor, suenan a cariño, y también, a sus dos playlists ya ready to listen en Spotify: “las favs casi nacionales del 2020 en una playlist” y “playlist de navidad chachi

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