El camino empieza en el Pantano

Enrique Perales prepara su primer cortometraje y trabaja en un retrato íntimo sobre la despoblación rural en Aragón.

Éxito, triunfo, victoria. Luego: aplausos, vítores, ovaciones. Todos conocemos los pasos a seguir para que este ciclo se cumpla: estudia, mejor una carrera y, después, encuentra un trabajo, a ser posible en la capital, todo ello, cuanto antes, mejor. Et voilà! Ya estás camino al edén. 

En la industria del cine, esta estructura se desestabiliza y todo funciona al revés. Quien presenta su ópera prima con 30 años es joven y puede que algo arriesgado. Hay que experimentar y acumular vivencias para poder hablar con conocimiento desde tu propio prisma. Es como quien quiere pintar un cuadro al óleo pero no sabe cómo hacerlo, es una cuestión de práctica. El problema viene cuando el que está apartado del foco de la gloria y las grandes producciones, reflexionando, practicando, sobreviviendo, es considerado como “el fracasado que ha estudiado cine y no ha hecho nada más”. ¿Quién aplaudía a Bayona cuando hacía los videoclips de Camela? 

Enrique Perales –Quique, como prefiere que le llamen- está en el camino para ser director de cine y, de hecho, está a un cortometraje de llegar a serlo. 

Nos juntamos pocos días después de que empiece el año. Quique, que ahora comparte su hogar entre dos ciudades, pues estudia y vive en Barcelona la mayor parte del tiempo, ha vuelto, solo por unos días, a una de sus casas, a Zaragoza, y a la que siempre será su tierra. Rodeados de café y libros, charlamos sobre sus obsesiones cinematográficas (las más recientes y las que se mantienen), sobre esos proyectos que “le pican el morro”, sobre lo cotidiano, sobre su futuro más cercano y también sobre lo que lleva siendo su presente desde septiembre de 2018: el cortometraje ‘El Pantano’ (cuyo perfil en Instagram es @elpantanocortometraje). 

Este nombre que nos evoca, sin duda, una atmósfera muy concreta, representa el Trabajo de Fin de Grado con el que concluye su trayectoria en la Escuela de Audiovisuales de Cataluña. Sin embargo, Quique puede considerarse uno de los pocos afortunados en haber podido desarrollar su idea como proyecto final. El proceso es largo, tenso y caótico. Por resumirlo brevemente: se presentan 38 propuestas a un tribunal (que han sido elaboradas con anterioridad durante cinco meses), pasa un mes hasta que escogen las diez mejores y, a partir de ahí, los elegidos, cuentan con 10.000€ para producir su cortometraje. “Yo me enteré de que me lo habían dado mientras estaba durmiendo la siesta –recuerda Quique–. Me lo contó mi compañera de piso. Después de eso, respiré tranquilo”.

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Coordinador de redacción: Jorge San Martín

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